Viernes de excursión. Savona. Hemos cogido el tren de las 12 y por culpa de un ligero retraso hemos llegado casi a las 3 de la tarde... ¡¡con un hambre!! Como peces que se quedan sin agua anduvimos buscando donde comer y encontramos un restaurante chino que hacía pizza (ajam..) y las encargamos. Nos sentamos en el paseo de la playa a comerlas, pero no estaban muy allá la verdad. El día era genial. Soplaba brisita y hacía calor. Metimos los pies en el agua un rato y al ponernos los zapatos la sensación era una pasada. Como si flotáramos. Sin mapa ni oficina de turismo nos dedicamos a ver la ciudad. Por la mañana había salido el giro de Italia desde allí y estaban desmontando el tenderete. Vimos el centro histórico, el puerto y el fuerte. La verdad es que la ciudad tiene su encanto. Y la compañía más. Nos hicimos unas fotos super chulas. Intentamos adivinar el misterio de los coches amontonados cerca del mar y acabamos preguntándole al limpiador...jajaja Para volver a la estación de tren, cogimos un bus como si fuéramos autóctonos... Esto ya es de nivel. Pillamos el tren a las 20h38 y volvimos a Turín. Llegamos a las 10 de la noche y la verdad es que el viaje fue un poco accidentado. La pizza de Álvaro no le había sentado nada bien y a mí me dolía la cabeza al mover los ojos. Llegamos a casa, cenamos pasta con pesto, un ibuprofeno y para la cama. Nos faltó quedarnos dormidos con la luz encendida. Qué paliza, qué buen día.
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