El viernes 7 me fui por la mañana temprano a la estación de buses para irme al aeropuerto de Gerona, casi me muero de los nervios y de la incertidumbre porque no encontraba la ventanilla de los billetes, casi a la hora en la que debía irme, encontré el lugar y pude subir al bus. Llegué al aeropuerto con una hora y media de adelanto, comí algo y me preparé para embarcar. El vuelo duró apenas una hora pero una hora llena de turbulencias y de nubes, casi no pude leer. Nervios no me faltaban. Al llegar al aeropuerto de Turín me esperaba Álvaro con una sonrisa enorme y con un millón de abrazos para darme. Parecía que había llegado a casa. Fuimos en coche recorriendo medio Turín, con sus coches, buses y tranvías locos, todo parecía nuevo y sin embargo todo tenía ese cierto tono a lo conocido, a lo agradable, a casa. El piso está genial, la habitación es más grande que mi piso de Barcelona y aunque no hay salón, no pasa nada, en la cocina-comedor se hace mucha vida. Cenamos pasta con tomate y luego nos vestimos para salir un rato a un bar apañado donde nos bebimos una cerveza. Volvimos en el búho de la 1, estábamos reventados. Estuvimos corriendo detrás del bus durante más de 10 minutos, porque no sabíamos con certeza donde era la parada… una vuelta de tontos.
lunes, 10 de octubre de 2011
Dia 16
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